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domingo, 2 de agosto de 2026

El plan de Trump con Milei.

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El plan de Trump con Milei. 

                                                La tecnología es la infraestructura del poder en el siglo XXI. Decide quién                                                                                  prospera y quién queda atrás. Dibuja fronteras invisibles. Construye imperios sin                                                                        territorio y domina la mente de los hombres

Según “La Nación”, Trump busca garantizar el control del Atlántico Sur, el paso transoceánico y la Antártida; impulsó un acuerdo de defensa que le abre la puerta a Peter Thiel (dueño de Palantir y ex socio de Elon Musk), quien visitó a Milei varias veces).

El cambio radical es la visión geoestratégica que impuso Trump, en la cual por primera vez en la historia América latina ocupa un papel de relevancia. La intervención en Venezuela, la presión sobre Cuba y los documentos de defensa y seguridad que difundió entre diciembre y enero pasados son una expresión elocuente.

Argentina se transformó en una pieza clave, especialmente por la relevancia que en la nueva doctrina norteamericana adquieren el Atlántico Sur, los pasos transoceánicos y la Antártida. En alguna medida, Trump está redefiniendo el mapa del país.

EEUU ya asumió que ya se agotó la etapa de la unipolaridad, por lo cual dejó de ser la potencia hegemónica, y también que el dólar deja de ser la moneda dominante, ya que hay otras monedas que se usan con casi igual intensidad.

El nuevo diseño global el mundo se distribuye en áreas de influencia, y la región donde Washington proyecta su ascendencia es inevitablemente el continente americano, por geografía, por historia y por razones de seguridad. Y porque China, ya extiende su dominio por Asia.

EEUU reemplaza su histórica visión hemisférica que la unía esencialmente a Europa, por una concepción que va desde el Ártico hasta la Antártida. Para Trump, Europa ha dejado de ser confiable como aliado incondicional y sus prestaciones en materia militar han mermado. Hoy la obsesión de Trump son los pasos interoceánicos, porque son los que le permiten dominar los mares que rodean y protegen el continente americano, frente a un programa naval de China que ha venido creciendo sostenidamente en los últimos años.

Por eso amenazó con invadir Groenlandia, hasta que logró la instalación de tres bases militares en la isla. Luego presionó a Panamá para expulsar a las empresas asiáticas de la logística del canal y lo declaró una prioridad de seguridad nacional, aunque por ese cruce sólo pueden pasar embarcaciones comerciales, no buques de guerra, que por su dimensión y calado requieren de otra profundidad.

Así emerge la gravitación del último paso interoceánico, compuesto por el estrecho de Magallanes y el pasaje de Drake al sur de la isla de Tierra del Fuego, que no sólo es uno de los seis pases estratégicos a nivel global, sino que es uno de los mejores lugares para operar y esconder submarinos balísticos, en casos de crisis.

Para EEUU es un objetivo garantizar la gobernabilidad del cono sur y alejar la amenaza china, contar con socios confiables y establecer una presencia disuasiva más visible, junto a otro aspecto estratégico, asegurar cadenas de suministro para las economías del futuro, en un contexto global demasiado inestable. Le permite también sumar otro factor de seguridad a la energía y a los minerales críticos (el litio), y proyecta la importancia de la Patagonia como un lugar propicio para la instalación de empresas tecnológicas, aliadas directas de Trump, las que además del frío y el agua requieren también estar lejos de las zonas de conflicto. El que maneja la energía, la tecnología y los datos, gestiona un poder que ahora desafía la clásica prevalencia militarista.

Recientemente, se habló sobre la apertura de un consulado en Ushuaia de Israel, país que inició gestiones para abrir una sede diplomática honoraria en dicha ciudad y principal a liado de EEUU.  

Trump realizó en menos de un año gestos económicos muy fuertes de apoyo a la gestión de Milei. y se movió para correr a China del proyecto de un puerto y una base integrada en Tierra del Fuego, profundizó una serie de ejercicios militares con la Argentina y avanzó en un esquema de cooperación que culminó culminante con la venta de los aviones F16.

En los últimos dos meses EEUU avanzó en dos acuerdos de hondas implicancias para el país. El primero fue el pacto regional “Escudo de las Américas” que se firmó en marzo junto a 12 países, incluida la Argentina, por el cual comprometieron a disponer del uso de la fuerza militar para desmantelar organizaciones criminales transnacionales y el narcoterrorismo. En los hechos, es un puente de ingreso de las fuerzas norteamericanas, en coordinación con los gobiernos de la región, para poder intervenir frente a una amenaza creciente para la estabilidad hemisférica.

Otro acuerdo se firmó hace poco entre Presti y el embajador norteamericano, Peter Lamelas, y atañe a cuestiones de defensa. Argentina quedó en línea para participar de un programa de adquisición de drones, y al mismo tiempo se estableció un compromiso de abastecimiento de combustible para buques militares en condiciones preferenciales.

Éste pacto incluyó un párrafo, no difundido, que hace mención a que la cooperación de EEUU va a ser canalizada a través de la empresa Arsoft US “junto a sus empresas asociadas” MeetKai, XRF.AI y el Grupo Arecco. O sea, que el acuerdo incluye a los contratistas designados, como suele imponer el Pentágono. Esas compañías son proveedoras de software específicos e inteligencia artificial del Pentágono y operan en el mismo ecosistema de tecnología para la defensa que aporta Palantir, la empresa del magnate Peter Thiel. principal socio en tecnología militar de la administración Trump.

Minutos antes del partido entre Argentina e Inglaterra, Javier Milei sacó el Decreto 590/26, que permite a una compañía Inglesa a buscar petróleo en nuestro mar argentino, un permiso pedido por la empresa inglesa llamada Challenger Energy Group PLC.

Washington estaría inclinado a favorecer un acercamiento entre la Argentina y Gran Bretaña, bajo su paraguas. En tal sentido Argentina se sumó a “Pax Silica”, un acuerdo impulsado por EEUU en materia de minerales críticos, energía, semiconductores e inteligencia artificial. La adhesión fue firmada por el embajador Alec Oxenford en Washington. El Gobierno avanzó sin brindar información al Congreso. Se desconoce el contenido de los compromisos asumidos por la Argentina. No se sabe si las provincias, titulares del dominio originario de esos recursos, fueron consultadas ni si intervendrán las legislaturas provinciales, ni sus contraprestaciones.  

Hay un pedido de informes para que el Gobierno explique, con claridad, qué acordó, bajo qué condiciones y con qué respaldo legal.

 

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